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la caída del muro, minuto a minuto
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Los alemanes del otro lado no se podían creer que Egon Krenz, el liquidador, les abría las puertas del Muro. Recuerdo esa noche en el otro Berlín a una familia (padre, madre y una niña de 9 ó 10 años), con chapas de Gorbachov en la solapa y lágrimas en los ojos. Los entrevistamos apoyados en una verja, frente a la Puerta de Brandemburgo. Eran alemanes del Este y apenas podían hablar.
No se lo creían. ¿Cómo se lo iban a creer si habían vivido durante décadas con la mentira y la manipulación como divisa? Lo que les acababan de contar por la tele no podía ser cierto, tenía que ser otra maniobra del régimen comunista. Los mayoría de alemanes del Este siguieron en sus casas hasta que vieron las imágenesen en directo por la televisión del otro lado enfocando al Muro, esperando que se alguien se decidiera a salir.
Hablando con esa familia, con la Puerta de Brandemburgo casi a oscuras de fondo, la pequeña acertó a decir muy tranquila: “Mi mami dice que pronto vamos a ver la abuela, que está en Düsseldorf.”
Todavía recuerdo las dudas al teléfono del editor del telediario en la madrugada del 9 al 10 de noviembre, cuando las calles de Berlín-Oeste estaban a rebosar de alemanes del Este… Martín Mateos no quería ni directo ni crónica: “Siles, ¿estás seguro de que han abierto el Muro? “, me decía el incrédulo editor, por teléfono.
Hicimos crónica, pero no hubo directo. Unas horas más tarde, en el telediario matinal, recuerdo cómo se me ponía la carne de gallina al saludar desde Berlín a toda España con el ¡buenos días! más sentido que haya dicho nunca jamás.
Era el 10 de noviembre de 1989, el Muro había dejado de existir esa madrugada y Berlín amanecía libre por primera vez en más de 28 años.
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