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viento del este, viento del oeste

Nostalgia de otros tiempos.

Nostalgia de otros tiempos.

Por qué los alemanes del Este no pueden descender del mono, se pregunta un alemán occidental. Porque un mono no habría sobrevido cuarenta años sin comer plátanos. Hay más chistes de ossis que de wessis, pero los del Oeste no salen tampoco muy bien parados. Cuál es la diferencia entre Dios y un alemán del Oeste… Dios sabe todo (contesta el ossi); uno del Oeste sabe todo… mejor.

Es conocida la crueldad de los chistes en todas las culturas del mundo. Con la desaparición del Muro los alemanes de uno y otro lado se han protegido inventando chistes para neutralizar complejos o para desahogarse.

Ostalgie es una palabra alemana que se puede encontrar en la wikipedia en español. Significa nostalgia por la RDA, una sociedad que para algunos es el paraíso perdido. La ostalgie sirve para protestar contra el sistema o para colocarte al margen. Por eso la practican muchos jóvenes, sin pretensiones ideológicas. Llevar una camiseta con el escudo de aquella Alemania sin colores que se llevó por delante la caída del Muro de Berlín no quiere decir que desean de nuevo el Muro. No en el caso de los jóvenes. En este vídeo hay algunos ejemplos de esa añoranza del pasado, que se concreta en signos y eslóganes, músicas y objetos.

Karl-Eduard von Schnitzler

Karl-Eduard von Schnitzler

Quien sí querría que volviera el Muro es Karl-Eduard von Schnitzler. Antes de morir, en 2001, este recalcitrante periodista de la televisión oficial del Este seguía defiendiendo a su RDA con la misma pasión que cuando le entrevistamos para un “Informe Semanal” hace ya unos cuantos años. Desde 1960, un año antes de que hicieran el Muro, von Schnitzler presentaba en la DDR-Fernsehen “Der scharze Kanal”, donde pretendía ridiculizar los mensajes de la televisión occidental. Aunque él (ellos) no lo notaran, el programa producía justo el efecto contrario al que se pretendía. A mí me lo hicieron descubrir sus mismos compatriotas, en una de mis primeras visitas a la RDA, como ejemplo de la estupidez supina convertida en ideología con una utilización abusiva y fraudulenta de Marx y Lenin.

La televisión occidental era un peligro, en eso no se equivocaban. No hay que buscar mucho para descubrir que la televisión de Alemania Occidental fue minando los cimientos y las convicciones de los otros alemanes, dejando claro para los ciudadanos que la RDA era pura fachada de cartón-piedra. Si no hubiera habido Muro, aquello habría  imposible de mantener en pie. Frente a la propaganda, zafia y obsoleta siempre, los Bonzen (los gerifaltes de la otra Alemania) no tenían mucho que ofrecer, aparte de ejercer como Estado paternalista que te garantizaba lo básico. Con la reunificación, vino la desilusión. La libertad tiene un precio y ellos no lo sabían.

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trabis y mercedes en el balatón

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Un trabi adaptado en el lago Balaton, Hungría.

Los trabis y los mercedes fueron durante años primos hermanos en el lago Balatón, en Hungría. Aquí venía a veranear los alemanes del Este, con sus pasaportes del Pacto de Varsovia y sus ansias de aventura. Los del Oeste también acampaban aquí con sus mercedes porque era barato, si pagabas con divisas, y porque estaba cerca. Durante décadas, familias alemanas de uno y otro lago confraternizaban aquí sin olvidar por un momento lo que a cada uno lo faltaba.

Los del Este se quedaban de piedra cuando se asomaban al frigo de los camping-car de las familias occidentales, con sus yogures de diez sabores diferentes y sus frutas exóticas: plátanos y naranjas, sobre todo, que en la RDA solamente podías comprar con dólares o DM. Los del Oeste se quedaban encandilados con la calidad y la camaradería de los alemanes del otro lado, donde la amistad y la familia era lo más importante.

El Este y el Oeste se juntaban en el Balatón, se recuperaban amigos y las familias se reencontraban. Una fotógrafa del Este pudo así publicar una foto de la ‘familia ideal socialista’, junto al lago Balatón. En realidad se trataba de la foto en el Balatón de unos amigos de antaño que, desde hacía muchos años, se había instalado en el Oeste… y era más bien la imagen de una familia del Oeste capitalista y corrupto, como se vendía Occidente en la RDA.

Los alemanes de la RFA eran los parientes ricos y podían permitirse el lujazo, con los precios que pagaban en los fiorintos devaluados que se usaban en Hungría, de invitar a los nuevos amigos y de sentirse importantes y dueños de la situación. Los del Este, qué remedio tenían, se dejaban querer. Luego seguiría la amistad, al volver de vacaciones. Y los del Oeste seguirían siendo solidarios con sus hermanos del otro lado enviando paquetes de comida y haciéndoles regalos del catálogo por correspondencia de los Intershops: las tiendas del régimen en las que podías comprar artículos occidentales sin límite, con divisas occidentales.

El capitalismo y el comunismo convivían sin problemas en este lago mágico, una especie de Mallorca del socialismo realmente existente (qué cosas se decían entonces). Aquí en el Balatón todos se olvidaban del Muro de Berlín y de que los unos no podían ir a visitar a los otros (salvo que vivieras en Berlín y pagaras el visado de 24 horas) ni los otros podían viajar al Oeste.

La reunificación de Alemania se fue cociendo, durante décadas, a orillas del lago Balatón. Y, en 1989, la revolución que iba a tirar el Muro empezó precisamente aquí, junto al mayor lago de Europa Central. Ese verano, los alemanes de la RDA no se contentaron con olvidarse por unas semanas de que vivían en una cárcel de la que no podían salir nada más que hacia el Este, para meterse en otra cárcel igual de gris que la suya. Del Balatón, los primeros veraneantes se fueron enseguida a la vecina Budapest, a reclamar su ciudadanía occidental en la embajada de la Alemania Federal. Y ahí empezó todo.


así cayó el muro

martillo_muroberlin

Tenía que haber durado 100 años, pero aguantó 28.

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la caída del muro, minuto a minuto

el error de schabowski

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Los alemanes del otro lado no se podían creer que Egon Krenz, el liquidador, les abría las puertas del Muro. Recuerdo esa noche en el otro Berlín a una familia (padre, madre y una niña de 9 ó 10 años), con chapas de Gorbachov en la solapa y lágrimas en los ojos. Los entrevistamos apoyados en una verja, frente a la Puerta de Brandemburgo. Eran alemanes del Este y apenas podían hablar.

No se lo creían. ¿Cómo se lo iban a creer si habían vivido durante décadas con la mentira y la manipulación como divisa? Lo que les acababan de contar por la tele no podía ser cierto, tenía que ser otra maniobra del régimen comunista. Los mayoría de alemanes del Este siguieron en sus casas hasta que vieron las imágenesen en directo por la televisión del otro lado enfocando al Muro, esperando que se alguien se decidiera a salir.

Hablando con esa familia, con la Puerta de Brandemburgo casi a oscuras de fondo, la pequeña acertó a decir muy tranquila: “Mi mami dice que pronto vamos a ver la abuela, que está en Düsseldorf.”

Todavía recuerdo las dudas al teléfono del editor del telediario en la madrugada del 9 al 10 de noviembre, cuando las calles de Berlín-Oeste estaban a rebosar de alemanes del Este… Martín Mateos no quería ni directo ni crónica: “Siles, ¿estás seguro de que han abierto el Muro? “, me decía el incrédulo editor, por teléfono.

Hicimos crónica, pero no hubo directo. Unas horas más tarde, en el telediario matinal, recuerdo cómo se me ponía la carne de gallina al saludar desde Berlín a toda España con el ¡buenos días! más sentido que haya dicho nunca jamás.

Era el 10 de noviembre de 1989, el Muro había dejado de existir esa madrugada y Berlín amanecía libre por primera vez en más de 28 años.

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todos bajo sospecha

el puente de los espías

comprando alemanes

visa-frei bis shanghai

los últimos días del muro

la movida de berlín

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20 años después


Berlin Wall Freedom

Als die Mauer Fiel, 1/5, ARD, 1999

El premio Príncipe de Asturias de la Concordia (el Nobel de habla hispana) está dedicado este año de 2009 a la ciudad de Berlín y a los millones de ciudadanos que han contribuído al entendimiento, la convivencia, la justicia, la paz y la libertad en el mundo. Yo estaba al pie del Muro de Berlín esa mágica noche del 9 de noviembre de 1989, con TVE, y me siento (humildemente) parte del premio. Espero que ustedes también. Veinte años después, voy a contarles el día a día que nos llevó a la caída del Muro. Como si usted hubiera estado allí. Continuar leyendo


bernauerstrasse

Una empresa de supermercados del Oeste regala tabletas de chocolates a los alemanes del Este que acaba de llegar. Estamos en la Bernauerstrasse, donde hubo tantos muertos intentado saltar el Muro. Son las 10 y pocos minutos de la mañana de un frío pero soleado sábado de noviembre en la antigua capital de Alemania. Doce horas antes caía el Muro. Continuar leyendo


desde allí, desde aquí

abuelo_muro_berlin

Hace 20 años tiramos un Muro, el de Berlín. Entre todos. Pero muchos otros muros quedaron en pie. Allí, en el corazón de Europa, y en tantos otros lugares. División y muros, físicos y mentales, que dificultan la convivencia y ponen en peligro la paz y la libertad. A dos meses del aniversario de Berlín, abrimos un paréntesis en nuestro diario deun muro para hablar con Carmen Aristegui sobre la libertad de expresión y la dificultad para informar en libertad en países como el suyo, México.


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