Archivo diario: 01/11/2009

corruptos hasta el final

Los gerifaltes de la RDA hicieron negocio con los restos del Muro de Berlín.

Los miembros de la Nomenklatura sacaron partido del puesto hasta la reunificación.

Demoler el Muro de Berlín costó 180 millones de marcos alemanes, lo que significa prácticamente 200 millones de euros al valor actual. Pero hubo espabilados que hicieron negocio, desde el régimen y antes de la reunificación. Los gerifaltes comunistas fueron unos corruptos hasta el final.

Ese es el dinero presupuestado y gastado, pero en realidad los responsables de la todavía RDA solamente pagaron 8 millones, el resto se lo metieron en el bolsillo aunque todavía no se ha podido meter mano a los que robaron.

Al día siguiente de la caída del Muro, en la tarde/noche del 9 de noviembre de 1989, las embajadas de la República Democrática Alemana empiezan a enviar telegramas a Berlín-Este informando del enorme interés que tenían en todas partes por hacerse con trozos de hormigón del Muro. A Hans Modrow, primer ministro de la moribunda RDA, se le hizo la boca agua pensando en los dólares que se podrían ganar.

Desde finales de diciembre, dos empresas germano-orientales asumen la venta de trozos de Muro en el mundo entero. Limex se encarga del negocio con museos. En ese mercado colocaron 360 de los 65.000 bloques de hormigón armado de 3,60 de altura y 1,20 de ancho que partían Berlín en dos. Cada uno pesaba 2,6 toneladas. El valor de cada pieza se establecía en función de los grafittis que tuviera pintados.

Hay otra empresa que se pone a las órdenes de Modrow para sacarle provecho al Muro: Lélé Berlin, con sede en Berlín-Oeste y creada para comercializar trozos del Muro entre particulares. Tanto en un caso como en el otro, el negocio no resulta ser tan bollante y en junio de 1990 deciden hacer una subasta pública… en Mónaco. ¿Por qué en Mónaco?

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el puente de los espías

Sharansky

En febrero de 1986 tuvo lugar el último canje entre el Este y el Oeste, en el Glienecke Brücke que une Berlín y Postdam.

Recuerdo el último intercambio. Acababa de ser nombrado corresponsal y todavía estaba organizando la logística en Bonn, la que era capital de la República Federal de Alemania y donde estaba entonces la corresponsalía de TVE. Allí andaba catalogando las películas que nos había dejado Manuel Piedrahita, mi antecesor, y gestionando la adquisición de un equipo de vídeo cuando vimos a Sharansky cruzando el puente. No salimos hacia Berlín, habríamos tenido tenido de entrar en el telediario, porque en Torrespaña (para ahorrar) se conformaron con una crónica hecha con las imágenes de la ARD alemana. A orillas del Rin tuvimos que hablar del puente de loa espías, en Berlín. Tres años y nueve meses después, caía el Muro y esa vez sí que estábamos allí.

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todos bajo sospecha

stasi

Octubre de 2009, Leipzig, 20 años después: un manifestante lanza al aire papeletas con cientos de nombres de antiguos miembros de la Stasi, la seguridad del Estado germano-oriental.

Me topé con muchos stasis en los años que fui corresponsal de TVE en Alemania, viajando casi todos los meses al otro lado en busca de nuevas historias y reportajes del Este. Los traté en Berlín, zanganeando en lobbies y bares de hoteles de lujo, buscando la pieza en sus ropas grises y apestando a régimen. Me recordaban siempre a los secretas de Franco que el Cuéntame ha retratado de manera espléndida en los últimos años. Eran 91.000 cuando cayó el Muro de Berlín, escudo y espada del partido que tenían aterrorizada a la población.

HGW XX/7 era una buena persona. Gerd (Ulrich Muehe, enfermo de cáncer en el rodaje, moría poco después del Oscar por ‘La vida de los otros‘) tenía el grado de capitán y trabajaba en el Ministerium für Staatssicherheit. HGW XX/7 era un stasi, agente de la policía secreta cuyos métodos tanto nos recordaban a la Gestapo nazi.

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