Archivo mensual: octubre 2009

¿te acuerdas?

silesmuro10nov1989

La caída del Muro de Berlín, minuto a minuto.

Me sabe mal no estar en mi tele festejando el 9 de noviembre, pero qué le vamos a hacer. La emoción la voy a tener igual cuando se cumplan veinte años de la experiencia más hermosa de mi vida de corresponsal, aunque la pagara cara. Porque la caída del Muro de Berlín me costó la corresponsalía de Alemania y mi vuelta a la redacción central, en Torrespaña, como currito. Una cura de humildad nunca viene mal.

Diego Carcedo, director de Informativos entonces, no pudo soportar que su corresponsal se saltara el principio de autoridad. Y además tuviera razón. Porque como corresponsal en Alemania,  José-María Siles asumió la responsabilidad del operativo en los dos Berlines, a una semana de la caída del Muro. Desde nuestra corresponsalía en Bonn, nos fuimos en busca de la noticia con una furgoneta alquilada y cargada con los U-Matics: Esteban González, el reportero gráfico (uno de los mejores que yo he tenido, como profesional y como persona) y su ayudante de sonido (José Antonio Herrero), una joven productora alemana y yo. Sin permiso de Madrid.

Lo primero que le digo a mis becarios, cuando empiezan en nuestra agencia de corresponsales, es que para ser buenos periodistas tienen que empezar haciendo lo que se les dice, que ya tendrán ocasión de convertirse en Picassos de la información cuando hayan aprendido el dibujo clásico. Pero si esta noche  se cae de nuevo el Muro de Berlín, que no pidan permiso. Que se vayan de cabeza a ejercer de periodistas y que pregunten luego, cuando traigan el reportaje.

Dos años después de que me echaran de Televisión Española, por tener más de 52 años, me están llamando muchas radios y teles para recordar juntos aquellos días en Berlín. La mía también. Los responsables de Informativos de TVE quieren evocar conmigo la caída del Muro y contar por qué y cómo fuimos los primeros en contarlo. Les he dicho que no, que no quiero salir en el Telediario. Pretendo ser coherente aunque me tiente mucho estar ahí, con mis compañeros; pero no me parece serio que me nieguen el acceso intelectual al material que rodé hace 20 años, ni siquiera para verlo en una copia DVD, y quieran después que haga el paripé como si nada hubiera pasado.

Llevo muy dentro TVE, que todavía siento mi casa. Pero nunca he comulgado muchas cosas que han pasado… y que siguen pasando. No me van a escuchar hablar mal de mi casa, pero nunca entenderé que durante 15 años no entrara ningún joven en los Servicios Informativos y luego se sorprendieran (los que mandan) viendo que ‘la redacción se ha hecho vieja.’ A lo mejor un poco entrada en años sí, pero ¿me puede alguien explicar la necesidad por qué prescindir de golpe de 4.150 profesionales? Era por ahorrar, dicen. ¡Menudo cisnismo! Ni con las cuentas del gran capitán pueden demostrar el gran fraude del último ERE. A mí me siguen pagando el 92 %… para que no vaya a trabajar a Torrespaña.

Fran Llorente, uno de los directores de Informativos que más han durado en toda la historia de TVE, después del franquismo, me contaba un día su teoría de los tercios en un rapto de sinceridad. Para Fran de los cientos de profesionales que se habían acogido a la regulación de empleo, un tercio mejor que se hubieran ido; otro tercio, ni fú ni fá… ¿Y el tercio restante? José-María, me confesó el responsable de Informativos de la tele pública: la verdad es que me ha sabido mal que algunos se hayan tenido que ir. Ni se me ocurrió preguntarle a mi ex director en qué tercio me colocaba a mí.

Los recuerdos y las emociones se agolpan y no quiero calentarme la cabeza. Acordarse de la caída del Muro es siempre un ejercicio de alegría y regocijo, el mejor momento que podría desear todo reportero: informar de algo positivo y sin embargo abrir las noticias. El 9 de noviembre tal vez esté en Berlín, aunque el Muro no se caiga de nuevo. Donde no estaré, seguro, será en los telediarios de TVE.


los últimos días

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"Entre la sombra del Muro y la movida joven", por José-María Siles en la revista Cambio 16, Madrid, agosto de 1989. 2/2

Erich Honecker, 77 años, está furioso. El líder máximo de la República Democrática Alemana no acaba de entender el regalo que el presidente Bush ha recibido en Budapest: un trozo de alambre espino del telón de acero que los húngaros empezaron a desmantelar la pasada primavera. Honecker, eternamente preocupado por el bienestar de su pueblo, acaba de profetizar este verano que “el Muro durará todavía cien años”.

- Oiga, ¿y ustedes los occidentales por qué tienen esa fijación con el Muro cada vez que vienen por Berlín?

- Ya nos gustaría hablar de otras cosas, pero lo han hecho ustedes tan grande y tan en medio de todo. 155 kilómetros de Muro es mucho muro para olvidarse de él.

He vuelto a encontrarme con la misma funcionaria, tres años después. María trabaja en un Ministerio de la otra Alemania y continúa, por inercia, en el Partido. Pero algo ha cambiado estos años en su visión del mundo que la rodea. “Nuestros dirigentes deliran, no se enteran de lo que está pasando. Piensan que de verdad nos hemos vuelto todos pequeño-burgueses y capitalistas”.

A María le hemos cambiado el nombre por su seguridad.A pesar de su fidelidad al régimen, María no cree que el día que tiren el Muro la RDA se quedará vacía. Yo tampoco. Lo que piden los alemanes del otro lado, cada vez con más insistencia, es la misma libertad que empiezan a tener en Polonia o en Hungría.

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la movida de berlín

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La movida ha formado siempre parte de Berlín, con Muro y sin Muro

La foto es de ahora, pero hace 20 años Berlín ya vivía su movida. Dos movidas, en Berlín Oriental y en Berlín Occidental. Dos mundos distintos, cada uno con su ritmo y su marcha. Por eso escribíamos en agosto de 1989 que Berlín era única 751 años después de su creación. Refugio de desertores y lugar de encuentro de centenar y medio de culturas, cuando cae la noche los dos Berlines se convertían en el punto de referencia de la movida alemana y centroeuropea. En 1989 contábamos la movida de Berlín en el semanario español Cambio 16 pocas semanas antes de la caída del Muro. Primera parte.

Berlín-Oeste es el lugar de los récords por kilómetro cuadrado: un perro por cada berlineses, un coche por cada tres, más puentes que en Venecia, más árboles y más estaciones de tren que en ningún otro lugar de Alemania y 250.000 extranjeros de 150 países. Empezando por los turcos, que la convertido Berlín Occidental en la segunda ciudad de Turquía.

En Berlín existe tanta marcha como en Nueva York , tanta movida como en Madrid y más ganas de vivir que en el resto de Alemania entera. Nos lo dice una astróloga berlinesa: “El Muro convierte a Berlín en una isla y las islas son lugares de asilo, de refugio y de destierro. Por eso se busca aquí una realidad más allá de la realidad”.

Berlín-Oeste es una isla en el mar rojo donde cada año acuden a refugiarse para no hacer el servicio militar en el Bundeswehr, el ejército federal, 10.000 jóvenes alemanes. Tantos como soldados franceses, británicos y norteamericanos estacionados en Berlín como soldados ocupantes. Con la misión de “velar por la seguridad de Occidente”. Otra reliquia del pasado, comentan resignados los berlineses. Esa presencia militar extranjera le cuesta al Gobierno de Bonn más de 2.000 millones de marcos alemanes al año.

Berlín es una ciudad bisagra entre el Este y el Oeste , un decorado de película de Hitchcock y dobles agente. Patria de apátridas, un espacio abierto donde hay sitio para todos. Berlín busca ser la alternativa de sí misma, con cinco mil bares invitando a que te reinventes la noche cada día. “Si te aislas aquí una semana, nos cuenta Alicia, una hispano-alemana que frecuenta la szene, la movida berlinesa, te pierdes porque la noche lleva aquí un ritmo tan bestial que tienes que seguir casi a diario para saber dónde está lo más in“.

Cualquier esquina de Berlín es buena para abrir un local donde puedes hacer creer que te has inventado algo nuevo. Está el barrio de Kreuzberg, junto al Muro, donde la mitad de la población es turca; pero también puedes irte en busca de marcha a Schönefeld, una zona donde viven intelectuales y obreros. No te olvides del Kudamm, lujosa avenida de moda y chic, lo que no impide que al ponerse el sol se estacionan decenas de jovencitas a la espera de clientes.

En el Este pensarás que tienes menos posibilidades , pero no te creas. Puedes empezar con el rock duro de Prenzlauer Berg: una movida que surgió, como todas, del afán de ser diferente. En el otro Berlín todavía llevan los jóvenes el pelo largo y lo último es lo que estaba de moda en Occidente hace ya una docena de años.

A estas horas de la madrugada, recién salidos del Ufo-Club, “lo último de la movida berlinesa (en el Oeste), los neones lucen aún en las calles, pero el horizonte tornasolado presagio hoy muchos grados a la sombra en este agosto berlinés. El reloj de la iglesia del Káiser, junto al Kudamm, acaba de marcar las 6.

En la misión de Cáritas, dentro de la estación del Zoo, Rachel –una asistente social de 28 años– reparte los primeros cafés. Los clientes se amontonan detrás de la ventanilla y a empujones van consiguiendo su rebanada de pan con mantequilla y un líquido humeante de color indefinido. Lo mismo que esa docena de mendigos sin techo, los 5.000 vagabundos de Berlín siguen durmiendo entre cartones debajo del millar de puentes de Berlín  o en las entradas a las estaciones del Metro, que no cierra por la noche.

Uno de los caminos que llevan al otro lado comienza precisamente aquí. En el gélido S-Banh, el suburbano del Zoo, en medio de mendigos y algún que otro colgado. Hace dos horas, los trenes del Metro comenzaban su larga jornada primero a los últimos de la noche. Tres líneas del U-Bahn siguen atravesando hoy Berlín-Este de norte a sur sin poderse parar a recorrer o dejar pasajeros en doce estaciones oscuras y abandonadas, vigiladas en la penumbra por algún vopo, aquí y allá; estaciones cerradas al público desde hace más de 30 años.

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tres alcaldes

El alcalde Wovereit (centro) recoge el premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2009 junto a los otros dos alcaldes de Berlín en los últimos 20 años: Diepgen (izquierda) y Momper (derecha).

El alcalde Wovereit (centro) recoge el premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2009 junto a los otros dos alcaldes de Berlín en los últimos 20 años: Diepgen (izquierda) y Momper (derecha).

Estuve el otro día hablando de la caída del Muro con unos colegas en Oviedo, ya lo he contado. Reconozco que las intervenciones que más me gustaron fueron las del público. Ni siquiera puedo salvar la mía ni la del alcalde de la bufanda roja, Walter Momper, que estaba allí para recoger el Príncipe de Asturias.

Al final, lo menos el público consiguió dar emoción a los testimonios. Lo más tierno esa noche fue escuchar la tesis de mi colega  Riccardo Ehrman, que ha pasado a la historia por hacer aquella pregunta decisiva al hombre que derribó el Muro. Su frase en Asturias también debería pasar a la historia porque mi entrañable colega llegó a decir que la caída del Muro había sido un milagro y que ese milagro se lo debíamos a Reagan, Gorbachov y Kohl, todos juntos. Pues qué bien.

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bufandas rojas

Walter Momper, alcalde de la bufanda roja, al día siguiente de que cayera el Muro.

Los gorgoritos de Kohl se mezclaban con los pitos de los berlineses. Minuto 1:04 de este vídeo. El canciller germano-occidental no era popular ni a un lado ni al otro de la ciudad dividida. Y menos ese día porque estaba allí para hacerse la foto, para apuntarse el tanto. Especialmente sensibles con lo que estaba pasando, y sensibles con las declaraciones de los políticos occidentales, que no querían reclamar el fin de la división entre el Este y el Oeste, el pueblo de Berlín abucheó sin complejos a su canciller en vez de cantar el himno alemán.

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José-María Siles, en la caída del Muro de Berlín.

Walter Momper, el alcalde de la bufanda roja, estaba por todas partes. Siempre amable y sonriente, siempre dispuesto a unas declaraciones, siempre ayudando y dando consejos, siempre hablando con los berlineses de uno y otro lado, siempre al lado de sus policías. Siempre optimista. Nunca vimos en Momper una frase fuera de contexto, ni una brizna de demagogia. Para él que se cayera el Muro parecía que fuera como si se hubiera roto una cañería y estuviera allí, a pie de obra, levantando el ánimo de los vecinos que tendrían que pasar unas horas fuera de casa mientras los bomberos achicaban el agua.

Con Momper fueron injustos en su partido, en el l SPD, no lo querían desde que empezó a mandar Gerhard Schröder. Schröder sí que era fino. Durante sus dos mandatos como canciller, el canciller se preparó bien la retirada. Yo no voy a hablar de eso aquí, solamente decir que hablar de Schröder hoy entre los socialdemócratas alemanes es tabú. Y que Momper sigue siendo hoy tan querido en su querida Berlín, como lo fue en aquellos días en que cayó el Muro.

Sé que Momper estará en unos días de visita en España, en Asturias, en Oviedo. Allí recibirá, junto con Diepgen y Wovereit, los otros dos alcaldes de Berlín desde la caída del Muro, el premio Príncipe de Asturias de la Concordia. En nombre de todos los que lucharon por la libertad y todos los que, en uno y otro lado, contribuyeron para que el Muro de Berlín se convirtiera en Historia. Seguro que me emociona estrecharle la mano porque con él delante aparecerá de golpe la emoción acumulada del momento más hermoso de toda mi vida de corresponsal.


efecto dominó

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Klaus Wowereit, alcalde de Berlín, con la maqueta del 'efecto dominó' junto a la Puerta de Brandemburgo.

El alcalde de Berlín, el socialdemócrata Klaus Wovereit, que recoge hoy en Oviedo el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, echará abajo de nuevo el muro recordando el efecto dominó que acabó con el comunismo hace 20 años en Europa del Este. Dos kilómetros de fichas gigantes representarán los 43 km del Muro de Berlín, en el que murieron casi un centenar de personas en los 28 años que estuvo en pie.

Cada ficha mide 2 metros y cuarenta centímetros de alto, como el Muro de Berlín. El proyecto pretende ayudar a entender a las jóvenes generaciones lo que significó (política, económica, social y culturalmente) la caída del Muro. Todos los países que tienen un muro, separando comunidades y haciendo la vida difícil entre vecinos, estarás representando el 9 de noviembre. Todos menos México y Estados Unidos, donde una inmensa barrera de casi 900 km dificulta el flujo migratorio y provoca también cada año decenas de muertos. Continuar leyendo


viento del este, viento del oeste

Nostalgia de otros tiempos.

Nostalgia de otros tiempos.

Por qué los alemanes del Este no pueden descender del mono, se pregunta un alemán occidental. Porque un mono no habría sobrevido cuarenta años sin comer plátanos. Hay más chistes de ossis que de wessis, pero los del Oeste no salen tampoco muy bien parados. Cuál es la diferencia entre Dios y un alemán del Oeste… Dios sabe todo (contesta el ossi); uno del Oeste sabe todo… mejor.

Es conocida la crueldad de los chistes en todas las culturas del mundo. Con la desaparición del Muro los alemanes de uno y otro lado se han protegido inventando chistes para neutralizar complejos o para desahogarse.

Ostalgie es una palabra alemana que se puede encontrar en la wikipedia en español. Significa nostalgia por la RDA, una sociedad que para algunos es el paraíso perdido. La ostalgie sirve para protestar contra el sistema o para colocarte al margen. Por eso la practican muchos jóvenes, sin pretensiones ideológicas. Llevar una camiseta con el escudo de aquella Alemania sin colores que se llevó por delante la caída del Muro de Berlín no quiere decir que desean de nuevo el Muro. No en el caso de los jóvenes. En este vídeo hay algunos ejemplos de esa añoranza del pasado, que se concreta en signos y eslóganes, músicas y objetos.

Karl-Eduard von Schnitzler

Karl-Eduard von Schnitzler

Quien sí querría que volviera el Muro es Karl-Eduard von Schnitzler. Antes de morir, en 2001, este recalcitrante periodista de la televisión oficial del Este seguía defiendiendo a su RDA con la misma pasión que cuando le entrevistamos para un “Informe Semanal” hace ya unos cuantos años. Desde 1960, un año antes de que hicieran el Muro, von Schnitzler presentaba en la DDR-Fernsehen “Der scharze Kanal”, donde pretendía ridiculizar los mensajes de la televisión occidental. Aunque él (ellos) no lo notaran, el programa producía justo el efecto contrario al que se pretendía. A mí me lo hicieron descubrir sus mismos compatriotas, en una de mis primeras visitas a la RDA, como ejemplo de la estupidez supina convertida en ideología con una utilización abusiva y fraudulenta de Marx y Lenin.

La televisión occidental era un peligro, en eso no se equivocaban. No hay que buscar mucho para descubrir que la televisión de Alemania Occidental fue minando los cimientos y las convicciones de los otros alemanes, dejando claro para los ciudadanos que la RDA era pura fachada de cartón-piedra. Si no hubiera habido Muro, aquello habría  imposible de mantener en pie. Frente a la propaganda, zafia y obsoleta siempre, los Bonzen (los gerifaltes de la otra Alemania) no tenían mucho que ofrecer, aparte de ejercer como Estado paternalista que te garantizaba lo básico. Con la reunificación, vino la desilusión. La libertad tiene un precio y ellos no lo sabían.

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comprando alemanes del este

Con la euforia de la reunificación monetaria queda firmada la sentencia de muerte para la RDA.

Con la euforia de la reunificación monetaria queda firmada la sentencia de muerte para la RDA.

Un artículo de Der Spiegel confirmaba, en 1966, que el Gobierno de la RFA había comprado en los últimos años 2.600 prisioneros políticos a la RDA por un valor de 97 millones de marcos alemanes. Todo dentro de la máxima discreción, aunque con intermediarios. Era una política de tráfico de vidas, en nombre de los derechos humanos. Esa práctica se iría incrementando conforme pasaban los años y gracias a ese sistema fue posible la reunificación de muchas familias que se habían quedado separadas.

Algunos padres conseguían huir al Oeste y se dejaban los niños en el Este… hasta que Bonn conseguía comprarlos. Yo conocí a muchos jóvenes, trabajadores o universitarios, que habían pedido oficialmente marcharse al Oeste. Eso los colocaba en listas negras que le impedían seguir estudiando o que les suponía el despido de su empresa, aparte de que su familia quedaba marcada como disidente. Pero a cambio podían aspirar a ser comprados por el Gobierno de Bonn.

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Antes de la caída del Muro te daban 7 marcos del Este por cada DM en el mercado negro, en Berlíon-Este.

Ocho meses después de la caída del Muro de Berlín, el 30 de junio de 1990 los alemanes del Este podían cambiar sus marcos-chatarra por los flamantes deutsche-Mark, DM. Era la puntilla para la RDA, que solamente aguantaría cuatro meses más hasta la reunificación. El DM sería también víctima de la caída del Muro, porque la condición que el presidente François Mitterrand le puso a su colega Helmut Kohl para la reunificación fue la unión monetaria… europea. El euro nació para neutralizar a la nueva Alemania reunificada, que tanto susto daba a franceses y británicos. Pero esa es ya otra historia.

Alemán rico, alemán pobre, solamente por haber nacido en el Este o en el Oeste de la Alemania derrotada. Los alemanes de la zona soviética, a los que no les llegó el dinero a espuertas del plan Marshall porque Moscú no quiso, se quedaron con su Mark: una divisa sin valor en el Oeste y cuyo paridad 1:1 era mantenida artificialmente. En la calle te daban 7 por 1 DM.

Una mujer jubilada pedía a los dirigentes del Este, pocas semanas antes de que cayera el Muro, que se dieran prisa porque ella era mayor y quería gozar un poco de la vida. Lo primero que hicieron los otros alemanes cuando recibieron sus DM calentitos, aquel 30 de junio de 1990, fue asaltar los Intershops: las tiendas socialistas donde se compraban los artículos del Occidente capitalista si podías pagar con moneda fuerte.

El Muro rodeaba Berlín-Oeste, del que solamente se podía salir por avión o por los corredores especiales de tránsito entre las zonas aliadas Berlín y Alemania Occidental. Pero los que vivían en realidad en una cárcel, sin libertad para entrar y salir, con un nivel vida muy inferior al del Oeste eran los habitantes de la zona de ocupación soviética, convertida en 1948 en la República Democrática Alemana.

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trabis y mercedes en el balatón

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Un trabi adaptado en el lago Balaton, Hungría.

Los trabis y los mercedes fueron durante años primos hermanos en el lago Balatón, en Hungría. Aquí venía a veranear los alemanes del Este, con sus pasaportes del Pacto de Varsovia y sus ansias de aventura. Los del Oeste también acampaban aquí con sus mercedes porque era barato, si pagabas con divisas, y porque estaba cerca. Durante décadas, familias alemanas de uno y otro lago confraternizaban aquí sin olvidar por un momento lo que a cada uno lo faltaba.

Los del Este se quedaban de piedra cuando se asomaban al frigo de los camping-car de las familias occidentales, con sus yogures de diez sabores diferentes y sus frutas exóticas: plátanos y naranjas, sobre todo, que en la RDA solamente podías comprar con dólares o DM. Los del Oeste se quedaban encandilados con la calidad y la camaradería de los alemanes del otro lado, donde la amistad y la familia era lo más importante.

El Este y el Oeste se juntaban en el Balatón, se recuperaban amigos y las familias se reencontraban. Una fotógrafa del Este pudo así publicar una foto de la ‘familia ideal socialista’, junto al lago Balatón. En realidad se trataba de la foto en el Balatón de unos amigos de antaño que, desde hacía muchos años, se había instalado en el Oeste… y era más bien la imagen de una familia del Oeste capitalista y corrupto, como se vendía Occidente en la RDA.

Los alemanes de la RFA eran los parientes ricos y podían permitirse el lujazo, con los precios que pagaban en los fiorintos devaluados que se usaban en Hungría, de invitar a los nuevos amigos y de sentirse importantes y dueños de la situación. Los del Este, qué remedio tenían, se dejaban querer. Luego seguiría la amistad, al volver de vacaciones. Y los del Oeste seguirían siendo solidarios con sus hermanos del otro lado enviando paquetes de comida y haciéndoles regalos del catálogo por correspondencia de los Intershops: las tiendas del régimen en las que podías comprar artículos occidentales sin límite, con divisas occidentales.

El capitalismo y el comunismo convivían sin problemas en este lago mágico, una especie de Mallorca del socialismo realmente existente (qué cosas se decían entonces). Aquí en el Balatón todos se olvidaban del Muro de Berlín y de que los unos no podían ir a visitar a los otros (salvo que vivieras en Berlín y pagaras el visado de 24 horas) ni los otros podían viajar al Oeste.

La reunificación de Alemania se fue cociendo, durante décadas, a orillas del lago Balatón. Y, en 1989, la revolución que iba a tirar el Muro empezó precisamente aquí, junto al mayor lago de Europa Central. Ese verano, los alemanes de la RDA no se contentaron con olvidarse por unas semanas de que vivían en una cárcel de la que no podían salir nada más que hacia el Este, para meterse en otra cárcel igual de gris que la suya. Del Balatón, los primeros veraneantes se fueron enseguida a la vecina Budapest, a reclamar su ciudadanía occidental en la embajada de la Alemania Federal. Y ahí empezó todo.


berlín, asturias

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