Eran las 13 y 9 minutos de un sábado, 11 de noviembre. Los periodistas estábamos demasiado ocupados en mil historias relacionadas con la caída del Muro y estuvimos a punto de perdernos este momento histórico en el que el exiliado ruso más famoso, Mstislav Rostropovich, resumía la alegría colectiva con la melancolía de su cello. Por un momento, los picos y los martillos se callaron para escuchar otro lenguaje más sutil.
Rostropovich estuvo en Berlín el 11 de noviembre de 1989, dos días después de que cayera el Muro. Y allí, en pleno ruído de martillos, sacó su cello y se puso a tocar. Los martillos callaron por unos minutos. Era el homenaje del maestro a la libertad y en solidaridad con los alemanes, que recuperaban la unidad.
Aquí está el vídeo. Llegó sin avisar, respondiendo a un instinto vital más que profesional, pero no había olvidado su instrumento, su cello, su vida. Ese 11 de noviembre de 1989, dos días después de que la presión popular de los alemanes del Este derribara el muro de Berlín, Rostropovich quiso unirse a la alegría popular y dio un concierto, improvisado, junto al Checkpoint Charlie.
Mientras unas decenas de curiosos se arremolinaban alrededor de Rostropovich, la gente seguía pasando del Este al Oeste y del Oeste al Este. Los alemanes orientales venían por la mañana, se pasaban por el banco para cobrar los 100 DM que les daba el Gobierno de la RFA y se pateaban Berlín Occidental, gastándose el dinero en el supermercado y comprando música o videojuegos.





